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La calle como espacio artístico/político | Interview with Alejandra Del Carpio + Calle: Bienal de Performance (Spanglish)

14th August 2023

This text is part of Anahí Saravia Herrera’s commission Embodying Resistance/ Encuerpando Resistencia: unfinished reflections from the Bolivian territory – see the full commission with further interviews and texts HERE

When we first began to talk, Alejandra Del Carpio (Ale) told me that Bolivia was the abandoned country for the performing arts in Latin America – a sentiment that I would hear echoed when I spoke to Paulina and Tika from Germinal. Far from meaning that there is no performance or live art in the country, it points to the fact that there are no institutions that support even the more traditional disciplines like dance, theatre, or even cinema. In Bolivia, there are no university degrees in any of these areas (in either public or private settings) and so for many, to be an artist means to leave the country to obtain a degree elsewhere, seriously limiting who gets access to this information and is allowed to call themselves a performer, deepening already wide economic gaps within the arts ecology. For more interdisciplinary, political, and experimental performance work, there is almost no space, visibility, or support, with all platforms and projects being wholly self-organised, self-funded, and artist-run. Building on a desire to create space for this work, in 2015 Ale began a project to create space for these practices and build an invitation not just for performers to come show their work, but for artists from across disciplines to play with what it means to work with performativity in their practice. From this initial festival came Calle: Bienal del performance (Calle: Performance Biennial) which has had three iterations that have taken place in Bolivia, Brazil, and online. 

“Calle es un encuentro bianual, donde artistas de diferente origen y contexto trabajan una misma temática y buscan transmitirla por medio de los lenguajes simbólicos, estéticos, afectivos, históricos y políticos que envuelve la performance. Su principal objetivo es la ocupación del espacio público a través de una intervención artística que alcance la mirada de las personas que, por diferentes razones, son mantenidas al margen de las galerías de arte hegemónico e institucionalizado.  Calle comprende la performance, no como arte de vitrina, sino como movimiento vivo. Persigue el deseo de poner los cuerpos en juego con la ciudad, interviniendo su cotidianidad, interpelándola e invitando a la transformación conjunta espectador-artista. Este evento se lleva a cabo de forma autogestionada, independiente y colaborativa, sin apoyo financiero público ni privado, y hasta la fecha, ha tenido lugar en cuatro versiones: Cuerpos (2015), Calle.exe (2017), Identidad (2019), y Territorio – Memoria ancestral (2021). Desde su primera versión, Calle ha ocurrido en La Paz – Bolivia, aunque en su última versión, también se realizó en Sao Paulo – Brasil, además de haber contado con proyecciones de video performance en Argentina y México.” 

In countries where so much of life happens outside and where the public space already holds performativity, building a project based on these interactions as opportunities for artistic and political encounter are particularly powerful. Through this conversation comes an interesting reflection on what it means to take public space as an artist, an action that is political and breaks the format of complicity and immunity that is granted to art in a theatre or a gallery. Suddenly, by taking the work to the streets, the frame of ‘consumption’ is taken away, indicating who the audience is and how they relate to the artist, opening doors for a new kind of relationship between the public and the performer. Working in an incredibly politicised context, the commitment to using public space and placing art on the streets, even in the face of ongoing civil unrest in Bolivia, is something that has shaped the project’s politics, placing it somewhere between art and activism. Rather than look to build an institution or create a space that reinforces a tradition of exclusion, Calle has stayed resolute in creating space for art in public where it might seduce, relate, and speak to an audience much larger than those who might be reached typically. An audience who – when you’re making work about feminism, gender-based violence, migration, and racism for instance – may connect to the work in deeper, more meaningful ways. 

We met to talk about this work, the iterations of Calle Festival, and Ale’s personal practice weaving programming, street performance, and curation into her own work as a performer.

Note on translation and the final research: 

As someone with access to both Spanish and English, this research has happened across both as well as through local dialects. The final works are edited versions of our conversations, which took place in Spanish with interjections in slang, Aimara and Quechua. The original version of this final text is in Spanglish, with my reflections in English. I have also provided a full English translation. The texts in Spanish were edited with the support of Camilla de la Parra Leyba, who also consulted on the translation.

See the English version of the text, with an untranslated conversation, HERE.

Trigger warning: Violence and sexual assault, not graphic 


Talking about the beginnings of the project and how she was led to creating Calle, Ale said:

Ale: En el 2015, ya estaba en el universo teatral y me faltaba algo de investigación. Entonces, me cuestiono: “¿Dónde están los otros artistas?” Yo conozco sólo a los de teatro, pero quisiera rozarme más con los de danza, quisiera saber que hacen los pintores. Y ahí, como en esta investigación, empiezo a pensar en la performance sin darme cuenta. 

Entonces hago el primer festival de Calle. Lo he hecho más por cumplir un deseo de investigación, porque estaba todavía en pañales. Empecé a contactarme con gente, a ver quiénes hacían performances en Bolivia. ¿Qué hacen específicamente? ¿De dónde vienen? ¿Qué han estudiado? […] Yo me he animado a hacer un festival y quería invitar gente, pero era super joven y me he topado con muchas personas que ya hacían performance que me decían: “Pero, ¿quién eres? ¿Por qué harías tú un festival de performance?”

Estaba desconectada generacionalmente de todos estos artistas que ya tenían su trayectoria en performance. Por lo tanto, era obviamente una desconocida. Me miraban como diciendo: “¿A qué estás estás jugando?” Y he decidido creer en mi juego. No tenía presupuesto, no tenía nada. He invitado a artistas y me he topado mucho con el ”no” o el “¿Cuánto me vas a pagar?” o “Ni loca hago algo sin presupuesto, yo soy artista de renombre”. […] Entonces, ha sido un poco triste, pero al mismo tiempo motivador, porque dije: “Lo voy a hacer igual”.

[…] Esta primera vez comencé a hablar con amigos. Por ejemplo, “Eres pintor, pero quieres hacer una performance, ¿te animas?”. Así ha sido como he intentado de convencer sobre el evento de performance y he comenzado a convocar gente, y alguno que otro artista reconocido sí se animó e hizo un taller de performance. Para mí era una satisfacción haber juntado por primera vez, al menos en la historia de lo que yo conocía, a bailarines, artistas plásticos, artistas escénicos, todos haciendo performance. ¡Ahí nace!

Bienal Calle: Cuerpos (2015)

La bienal nace tanto del deseo como de una duda. Cuando comencé a investigar sobre la performance, me quedé fascinada ante el universo de prácticas y formas, Bolivia ya contaba con una larga trayectoria. Las prácticas performativasas en América Latina y otros territorios igual son fascinantes. La duda consecuente fue ¿cómo podría una persona de a pie, sumergida en la infinita prisa de la ciudad y su ruido, empaparse, interpelarse, cuestionar y sentirse cuestionada por esta forma de hacer arte? A raíz de esta pregunta es que me nacieron, a manera de impulso, cinco deseos: El primero fue tomar la calle como espacio público por excelencia. El segundo fue convocar a personas artistas tan diversas como la performance en sí, como la sociedad a la que buscan interpelar. El tercero fue no pedir permiso, ni depender de alguna jerarquía institucional. El cuarto fue construir comunidad y redes de articulación artística. Y, por último, plantear temáticas de carácter social, político y cultural en el lugar donde se realiza. 

El resultado final de este primer encuentro se llamaba Cuerpos y decidí ponerle la temática del cuerpo, poner el cuerpo, porque cualquier camino que hayas tenido en el arte, era una invitación a que vinieras a poner el cuerpo. Una invitación multidisciplinaria, a través de la performance. […] Yo no tenía nada y terminé invirtiendo mis ahorros […]. Tuvo una repercusión muy bonita de gente nueva que yo no conocía, gente que se aproximó por primera vez. Obviamente también ha tenido una crítica profunda. Nuevamente, la gente me preguntaba: “¿Quién es ella y qué ha hecho y que se está inventando? Ella no está inventando la performance en Bolivia”. 

Anahí: En Londres también pasa que la gente controla mucho los espacios de la performance y por lo menos yo, como una investigadora y curiosa, he entrado al campo de manera interdisciplinaria y siento que realmente existen las jerarquías generacionales. 

Ale: Ahí hay como una hegemonía de la práctica, que lo menciono en la historia de Calle. Es hegemónico: “¿Quién hace? ¿Por qué? ¿Cómo se hace? ¿Cómo se realiza? ¿Quién escribe el libro?” Me apoyo de la crítica negativa y me hace radicalizarme. Digo, yo lo acepto, me apropio de que yo no soy de esa generación, no invento la performance en Bolivia. Pero finalmente, ¿qué es performance? ¿Cuántas veces nos cruzamos con prácticas performativas en diferentes disciplinas y no se asumen como tal?¿ Quién es el que dice quién es performer y quién no? 

Al año siguiente no lo hice y viene un amigo muy querido y me dice “hazlo de nuevo. Nadie más que tú lo va a hacer”. […] Yo le decía: “No, ha sido terrible, aunque ha tenido cosas muy positivas, pero no tengo recursos otra vez. ¿Cómo puedo hacerlo? No puedo hacerlo, ¿o sí?” Y bueno, voy a juntar amigos nuevamente, a los que me hayan dado alguna crítica positiva y a ver cómo lo toman. Y nuevamente, renace desde la autogestión un nuevo festival, el segundo, que era Calle.Exe. A partir de ahí se hace la bienal como tal.

Anahí: ¿Así que la primera no la llamaste bienal?

Ale: No, la primera era un encuentro de artistas performáticos. Yo no tenía planeado que lo volvería a hacer, menos en dos años, menos cada dos años. […] Se unen diferentes artistas, incluso otros que hacían performance desde hace tiempo. Igual fue pequeño y obviamente uno se va descubriendo en la práctica, ¿no? Entonces la primera vez fue un día continuo. La segunda vez, pensé que queria que dure más, así que lo voy a hacer durante una semana, una performance cada día. 

Hasta eso, ya me había cuestionado… Todo este tiempo he seguido siendo artista de teatro, he hecho muchas obras, trabajaba en un grupo de teatro. Entonces siempre la cuestión era que no había público y siempre que yo iba a ver performance, obras, o artes vivas en galerías, era la misma gente. Es como una complicidad. Cuando uno va al teatro, vas dispuesto a lo que sea que te presenten, vas a ver hasta el final y cuando termina, vas a aplaudir y luego vas a repensar. Cuando vas a una galería, vas predispuesto. Vas a aceptar lo que sea que te estén dando porque vas preparado para esto. La performance no necesita la predisposición de la gente. Yo no quiero que vengan mis amigos a ver y a aplaudir. Yo quiero saber qué le pasa a la gente si lo sacamos a la calle, “¿De animan?”, les pregunté a los artistas. “Sí”, dijeron, entonces nos fuimos a la calle. Y ahí se comenzó a llamar como tal: Bienal Calle. Había diferentes lugares: la Perez Velasco, la Iglesia San Francisco, El Prado, el Cementerio General han sido los principales lugares donde se han hecho performances.

Anahí: Esta proposición de estar en la calle, ¿en este momento fue nueva? Ya el performance callejera ocurría, me imagino, pero como un festival, una bienal que ocurriera en la calle, ¿era la primera? ¿Todavía no había sucedido algo así? 

Ale: Pienso que no. La performance normalmente es de la calle, funciona en la calle, le pertenece a la calle, ¿no? En las bienales siempre va a haber acciones públicas. […] Mi cuestionamiento no era tanto con el espacio, galería o sala, sino con los ojos de quien lo ve. Entonces, yo quería que si alguien va a hablar de una cuestión política, [cómo] de violencia contra la mujer o de lo que sea, que no sea para cuatro personas que ya lo saben. Que sea para una señora en la calle que le interpela de forma distinta, a la caserita1 que está pasando por ahí. Todos me decían: “Pero nadie va a entender”. Y yo digo que yo no quiero que lo entiendan, yo quiero que lo vean y el resto del día se queden pensando en lo que han visto. Si alguien realmente lo quiere entender, se acercará y preguntará. Si no se quedan con eso, y si lo malinterpretan también está bien.

Bienal Calle.Exe (2017)

The second edition, Calle.Exe, took place over one week in November 2017. As the next festival approached, Bolivia entered an increasingly unsteady political period which would come to form the political frame for the next iteration of the festival in 2019 Calle: Identidad which took a closer look at the concept of cuerpo-territorio (body-territory) a term used widely in climate justice and feminist movements in Latin America to describe the relationships we hold between our bodies and the territories we come from and how ownership of both is shaped through the lens of extractivism, colonialism, patriarchy, and capitalism. This became particularly important as the social uprising in Bolivia reached a climax in 2019, with the stepping down/ousting of ex-president Evo Morales that took place on the third day of the festival. This political context bled directly into the performance work and into the performer’s commitment to taking public space in a time of crisis. Thinking about the third edition, Ale says: 

Ale: En fin, la segunda edición salió muy bonita, pero me enseñó más profesionalmente qué es lo que quiero para la siguiente.

Anahí: ¿Ya sabías que lo ibas a hacer otra vez?

Ale: Ya era una decisión. Esto se hace y esto tiene que crecer, ya no puede ir hacia atrás, sólo hacia adelante. Obviamente, a lo largo de la de mi carrera también yo iba haciendo performance como artista también. En las dos primeras, participé pero en la tercera no porque es un trabajo muy grande, organizar una bienal sola. La tercera fue la más grande, hubo veintiún artistas, fueron tres días continuos y un cierre. La tercera bienal fue exactamente la fecha del problema político en Bolivia en 2019. Entonces hicimos el primer día, hicimos el segundo día hasta la mitad y no hubo tercer día, porque ya estaba todo en caos. Ha sido la [edición] más fuerte para mí porque invité artistas internacionales. Yo fui a presentar una performance, Te ves en mis ojos, (una obra sobre el dolor de ser migrante, el dolor de un caos político, el dolor de ser mujer dentro de todo esto, el dolor de que todos pueden ver [mientras] que tú estás con los ojos vendados) a una conferencia en Buenos Aires, el Congreso de Teatro CON/TEXTOtipea: Performatividades (2019). Ahí conocí gente muy interesante de Colombia, me vi nuevamente con una amiga de Brasil, y otra de Argentina. 

Cuando decido hacer la tercera bienal, les pregunto: “¿Se animan a mandar un video de alguna cosa que hayan hecho? Yo lo presento acá”. Las chicas de Argentina, parte del grupo Vibra Mujer,  que trabajan sólo con mujeres desde el feminismo, me dicen que se animaban a venir. Mi amiga de Brasil me dice: “¡Voy!”. En fin, vienen cuatro argentinas, mi amiga de Brasil, y dos artistas amigas mexicanas que me dicen que quieren participar. […] Sin querer, la bienal se convierte en una cuestión más internacional.

La temática de esta Bienal Calle era Identidad. Quería que se hablara todo desde el cuerpo como territorio político y con el contexto político de Bolivia porque antes de que lleguen las chicas les digo: “Bolivia está mal. Parece que va a haber un golpe de estado. Estamos entrando en estado de sitio. No podemos salir desde cierta hora. ¿Igual quieren venir?“ Decía: “No vengan porque yo no sé qué es lo que va a pasar. Todos los días hay manifestaciones, no entiendo bien lo que está pasando, pero está muy fuerte“. Con más ganas vienen las Argentinas, poniendo el cuerpo antes que nada. Esta bienal ha sido muy fuerte emocionalmente para todos los que han participado porque el día que empezaba, la policía dijo “no trabajamos” y dejaron las calles libres. Había saqueos. Tú salías a la plaza y había un grupo de oración cristiana, un grupo de oración católica, gente haciendo cantos, gente que no entendía nada, gente discutiendo… era un caos. Nosotros también ahí, vamos a hacer performance. Salimos a las calles e hicimos todas las performances que se tenían que hacer. Por un lado, sí había espectadores, pero fue mucho para nosotros también porque había días en que no había nadie afuera de casa porque era peligroso. 

Anahí: ¿Y la la gente que sí veía? 

Ale: ¡Agradecían! […] Yo diría que ha sido la bienal de la emotividad. El día que terminó, terminó porque Evo Morales renunció. Bolivia entró en caos total. Realmente ahí yo dije: “Se cancela la bienal”. Las chicas de Argentina no han presentado su obra, habían venido en vano a la no-performance, como ellas lo llaman hasta ahora, aunque finalmente la han hecho en Argentina.

Bienal Calle: Identidad (2019)

Anahí: Super fuerte no poder tener un cierre después de una experiencia tan intensa. 

Ale: El día de la apertura, cuando estábamos todos, fue el día que se declaró estado en sitio. La gente no podía salir a partir de las ocho de la noche. […] Y dijimos: “¿Vamos a hacerlo?“ ¡Todos dijeron que sí! Por Bolivia, por el arte, por todo. […] Ha sido muy fuerte porque el aeropuerto se cerró, las chicas se iban en la noche del tercer día. Se canceló todo. Hemos tenido un cierre parcial en casa de mi mamá al final, porque todos los lugares posibles para una reunión estaban cerrados y reunirse estaba prohibido. Fue una conversación política sobre lo qué estaba pasando: Qué opinamos, qué es lo que nos ha pasado y cómo se maneja todo esto. Al mismo tiempo, […] todo el mundo alrededor de Bolivia –, Brasil, Argentina – escribían a los WhatsApps de las chicas diciendo: “Es golpe de estado”. Y las chicas nos decían que era un golpe de estado y nosotros los bolivianos, decíamos: “¡No! ¡No lo]es!” Ha sido eso, encontrarnos para decir: “¿Es golpe? ¿No es golpe? ¿Qué nos está pasando?”. Todas eran mamás, además, y sus familias las llamaban llorando diciéndoles: “Tienen que salir de ahí, no sabes lo que estamos viendo en las noticias aquí”. Eran cosas que nosotros en Bolivia no veíamos. No nos estábamos dando cuenta, ya con los militares saliendo a las calles… […] Mientras estábamos en esa discusión, incendiaron los Puma Kataris2 y ahí todos dijeron: “Me voy”. […]

Recuerdo que ir al aeropuerto ese día ha sido de verdad la experiencia más extrema que he tenido en mi vida, […] no había movilidad, no nos querían llevar ni al aeropuerto. Después de hablar con muchísimos taxis, he conseguido que uno nos lleve por el triple de dinero. Fueron dos choferes y uno estaba armado. Nos dijo: “Lo siento, pero necesito protegerlas y protegernos”. […] 

Estaba en un ataque de shock y de ansiedad, pero lo tenía que seguir llevando. Entonces llegamos al aeropuerto y entraron. Estaban sanas, salvas… Lo peor fue que la brasileña salió, pero el vuelo de Argentina se canceló y estuvieron cuatro días en el aeropuerto. Yo llamé a la embajada de Argentina para ver cómo les podíamos ayudar para sacarlas y la embajada me dijo que podían hacer un proceso penal contra mí por haber traído gente y no haberme hecho responsable. […]

Following this, Ale was resolute that this was the last time she would host this festival, but in 2021, during a residency in Brazil, she was again approached by collaborators and friends who offered to support the first festival outside of Bolivia. So, with this renewed support, she said yes. This time, the biennial took place on the streets of La Paz as well as in Sao Paulo and online, where she hosted works by international artists from across Latin America as well as Europe and India. 

Ale: Ahí nace la la última versión de la bienal que se llama Territorio- Memoria Ancestral, porque en Brasil estaba investigando mis raíces negras indígenas con un colectivo de mujeres llamado Warmi Sankofa Ayni. Ellas han estudiado mucho la ancestralidad y la migración. Esto se convirtió en un trabajo de investigación del ser migrante, sobre qué es ser un migrante blanco y un migrante racializado. Hacemos entonces esta bienal. Todas las personas que han participado eran de diferentes razas o diversidades sexuales. Yo quería que fuera así. Ha sido muy hermoso todo lo que se ha propuesto desde ahí. Se ha hablado muchísimo principalmente del racismo. Ha sido una bienal maravillosa. Se llevó a cabo a base de donaciones, con el apoyo de una escuela de artes vivas, y de mucha gestión con amigos. Al mismo tiempo, me contacté con artistas en Bolivia y les dije: “¿Los que están ahí se animan al salir a la calle?” “Sí”, dijeron los artistas, “obvio que sí!” Y por eso hubo una parte de la bienal en Bolivia simultáneamente. Fueron tres días en Brasil y un día en Bolivia. 

Anahí: ¿Qué tan importante son los intercambios entre territorios o entre redes artísticas en Bolivia? Como tú dices, acá no hay espacios formalizados donde los artistas performáticos puedan encontrar una casa, entonces me imagino que el intercambio con otros países es súper importante. No solamente para ir a estudiar en otros lugares, pero además en términos de colaboración, y [del] uso de recursos que existen en otros lados. ¿Cuál ha sido tu experiencia con esto? 

Ale: Exactamente. Igual en cuanto al apoyo [a la] cultura. El próximo año viene la bienal – mi amiga de Brasil me dice: “¿La hacemos en Brasil también?” Yo le digo que sí, que voy a postular a un fondo pero aquí en Bolivia no hay nada. Incluso me dice: “¿O sólo lo hacemos acá y que se traslade a Brasil totalmente?” Yo pienso que no, porque quiero que el evento sea necesariamente en Bolivia, pero al hacerlo aquí tendría que ser otra vez autogestionado. En Brasil habría espacio, gente, colaboradores y demás. Es muy, muy, muy fuerte la falta de apoyo económico en Bolivia. […]

Yo quiero seguir trabajando sobre el cuerpo como territorio y espacio político, y sobre el territorio como espacio político también, porque no es la misma historia la que me han contado los artistas brasileños que los artistas bolivianos, claro. No son los mismos espectadores de la calle. 

Yo he podido hacer una performance (Q’epi Migrante) en la que me he vestido completamente de chola3 y he repartido hojas de coca en Brasil. Estaba hablando de este mito migrante que tenemos en Brasil, que dice que los bolivianos no pueden existir en el imaginario brasileño si no están trabajando en costura. Hay muchas fábricas donde la gente está trabajando en condiciones muy terribles. Entonces, todas las veces que yo decía que soy boliviana a cualquier persona en Sao Paulo, me decían: “Ay” (como si les diera lástima). […] Ese día me puse pollera. Me gusta mucho trabajar con la lana y me puse hilos de los que colgaban tijeras, agujas y tenía hojas de coca. En las costumbres aymaras, se dice que se hace un kintu – que son dos hojitas de coca que las juntas y entregas en lugares sagrados. Entonces, he hecho un recorrido por las calles de Sao Paulo a lugares que han sido violentados por la colonización. Como hay muchísima gente en situación de calle, venían y me pedían hojas de coca, porque la hoja de coca es ilegal en Brasil, es droga. Me podían haber arrestado. La policía vino y hubo todo un conflicto ahí con las hojas de coca, que la he conseguido super ilegalmente también, como si fuera marihuana. Pasaba la gente y decían: “¿Una Peruana?” Y yo explicaba, no, soy Boliviana. Luego venían otros y decían: “¿Esto es arte?” Me ha gustado mucho. Me encanta la percepción que he tenido en Buenos Aires y de Brasil siendo mujer migrante boliviana.

He tenido un última performance (Raíz), fuera de la bienal en Sao Paulo, en la que me he vestido nuevamente de mujer indígena y desde mi investigación de los hilos y la lana, he hecho un q’epi4, un aguayo5 super pesado, cargado con piedras. Lo he atado lejos, con lanas amarradas hasta mis pies, y en esa tensión he colocado papelitos. Luego yo me paraba con un cartel que decía: “¿Qué piensas cuando digo ‘mujer Indigena Boliviana’?” La gente venía y anotaba su percepción: cosas super racistas, cosas bonitas. Lo que yo quería era romper el concepto. Entonces comenzaba a estirar y estirar y estirar las lanas hasta que se rompieran con la fuerza de mis pies. 

Raíz, Alejandra Del Carpio, 2021

Cuando terminó, con los hilos que sobraban amarré a toda la gente que estaba en un círculo, todos con todos, y los iba amarrando y les daba un papelito que les preguntaba: “¿De dónde vienes? ¿Cuáles son tus orígenes? ¿Tú crees que hay naciones indígenas que estén entre Bolivia y Brasil? ¿Conoces algún nombre? ¿Qué sabes de tus abuelos?” Preguntando sobre sus orígenes a todos y cómo podrían coincidir con los orígenes bolivianos. […] Hablar de migración es crucial. Hacer performance en diferentes lugares es importante y me gusta que esté relacionado con lo político y con el hecho de ser mujeres. En la bienal de Brasil eran casi todas mujeres, no binaries, trans también, y los hombres que habí] eran diversos … pero hombres cis no había. Me ha parecido muy interesante porque en Bolivia también, ¿quiénes están conmigo desde hace años? No son los hombres cis. Son mujeres y hombres diversos. 

Compared to many projects happening across Bolivia, many of which have a longer history, Calle has remained independent and unfunded. Whilst this has given it artistic freedom, it has also meant that questions around the sustainability of the project are constant, linking to wider conversations around the embedded hierarchies of power in art spaces in Bolivia, which still heavily rely on an institutionalised vision of art that determines whether or not someone can call themselves an artist and receive funding for their work. The result of this is that many of those who want to pursue art and performance leave Bolivia to build their career elsewhere. To be able to do this, it is necessary to come from a privileged background that can support this. It is not necessarily those with the most exciting propositions that are allowed to enter local (and international) arts ecologies – it is those in structurally more privileged positions (which is to say upper class, white Bolivians). 

Ale: Una amiga en Brasil me decía: “¿Por qué no te presentas más en galerías, festivales y cosas así? Tu trabajo es increíble”. Yo digo, que no tengo certificados, no tengo maestrías. Si me pides mi curriculum, te voy a mandar un currículum sin títulos profesionales y de todo lo que he hecho. Entonces estoy súper desvalorizada en comparación a muchísima otra gente que ha estudiado fuera del país, como mencionaba antes. […] En una reunión con otros proyectos en Bolivia nos hacen la pregunta: “¿Ustedes tienen apoyo económico?” Y yo digo que no, pero todos dicen que sí.. Comenzó un debate donde dijeron: “Nosotros tenemos historia”… Y todo vuelve a la misma hegemonía. Ellos dicen: ”Nosotros ya estamos desde hace muchísimos años, establecidos. Tenemos espacio y somos un equipo grande. Entonces, claro que tenemos apoyo”. Yo pienso que nunca me han dado fondos porque van a la gente que tiene un currículum con reconocimiento extranjero. Entonces, es como una rueda. […]

Esto lo he sentido mucho más fuerte en Bolivia que en Brasil o en Argentina, que son los países con los que más he intercambiado sobre estos temas. Todos mis compañeros en Brasil, tienen algún post grado, como mínimo, pero no por eso se cierran a ti. Pero en Bolivia sí. Entonces por eso no te sientes identificado con el término artista. Alguna vez, antes yo me sentí de esa forma, pero hoy me doy cuenta que no, mi pensamiento y mi proceso creativo nace del arte más que del activismo. He sido cuestionada por algunos artistas que han participado en la bienal. ¿Hasta donde es una bienal de arte y hasta dónde es una bienal activista?… En realidad es un conjunto de ambos. 

Speaking to her own artistic practice as someone that centres public space as a stage for her work, Ale spoke further about what it means to bring political commentary to public space, and make meaning in a relational, site-specific way. 

Ale: Durante la pandemia y la cuarentena rígida en Bolivia, lastimosamente hubo muchísimas violaciones familiares. Al cerrar la cuarentena, la gente ya estaba trabajando y ahí fui a la calle. Aprovechando que soy una mujer de estatura pequeña, me vestí con un vestido de niña, agarré un peluche y una tela roja de unos cuatro metros de largo. La tela la ponía como sangre entre mis piernas. Fui a cuatro lugares de La Paz. En el viaducto entre la avenida 6 de Agosto y avenida Arce, me senté y la tela se desplegó hasta los autos. Lo mejor de esa intervencion fue que abajo, en el viaducto había un grafiti de Mujeres Creando que dice: Aborto Libre. Después fui a la iglesia María Auxiliadora, desplegando la tela, desde las gradas hasta la calle. Ahí, la gente me miraba feo, nadie se aproximaba, y después fui a las gradas del Prado donde tuve una mejor recepción. Sólo me quedaba unos quince a veinte minutos en cada lugar, estática. Finalmente, en el Obelisco, un chico me dijo: “Te estoy siguiendo desde la primera vez que lo hiciste. No sabía si hablarte o no hablarte, pero gracias por lo que estás haciendo. Se entiende el mensaje”. Yo creo que todo el mundo está impresionado y la gente pasa, pero no quiere decir que no te vean y sepan lo que estás diciendo. 

Entonces yo pienso como artista existe un desafío constante, dee cómo llegar a la gente. ¿Qué quieres decirle a la gente? Y ahí es donde está la contradicción permanente: si vas a salir a la calle, tienes que saber hablar con la gente. Entonces no puedes ensimismarte en tu arte, tienes que saber qué mensaje estás dando. […] Por eso me animo a salir a la calle, porque tengo algo que decir, no quiero estar escondida. 

Bienal Calle: Memoria – Territorio Ancestral, Closing performance, (2021)

Alejandra Del Carpio, es una artista multidisciplinaria entre las artes escénicas, la performance y las artes visuales y su trabajo explora e investiga temas relacionados al feminismo, la descolonización y la investigación de su ancestralidad. Es fundadora de la Bienal Calle, y tiene la intencion de que continúe creciendo, tanto en Bolivia como en Brasil y si es posible, expandir la semilla por algún otro país de latinoamérica para las próximas ediciones. Espera que las condiciones para la realización sean cada vez mejores, porque los artistas son excelentes y las piezas presentadas son transformadoras.IG:@calle.performance


Footnotes:

1 Caserita, is the word (of affection) used to describe women on the street who sell things,  in kiosks or by foot in a more ad-hoc way.  

2 Puma Kataris are a fleet of modern busses and set bus lines that got launched in La Paz in 2014, they were the first of their kind in Bolivia who works on privately managed public transport system in the form of mini buses and trufis (shared taxis) all which are independently owned by those who drive them and have informal stops around the city. 

3 Chola, is a term used for an indigenous woman, one who usually wears traditional clothes. It can be in a derogatory manner, with racist tones.

4 Q’epi is an Aymara word for ‘bundle’ usually one made of an aguayo.

5 An aguayo is a rectangular piece of coloured wool that Bolivian indigenous women use as a complement to their clothing and, primarily to carry their children or to carry items. Their use has spread to Peru, Argentina, Ecuador and Chile.

Lead Image credits: Bienal Calle: Memoria – Territorio Ancestral, “O corpo preto nunca está só, Eu ainda cantarei” Pâmella Carmo

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